moto kuryemotokuryemotor kuryeacil kuryemotorlu kuryeexpress kuryebe_ikta_ kuryekurye,moto kurye,motokurye,acil kurye
Home El país Crisis política y ciclo económico
Crisis política y ciclo económico Imprimir Correo electrónico
Lunes 31 de Marzo de 2008 19:53
castropoliticaJorge Castro

La hipótesis básica es que existe una vinculación causal entre el sistema político argentino, con sus características propias, y el crecimiento económico en el largo plazo.

Características del Crecimiento Económico Argentino

El crecimiento potencial de la Argentina en el mediano y largo plazo no es bajo, sino que, por lo contrario es relativamente alto: 5% anual o más. Según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el crecimiento de la economía argentina durante los años 90, no obstante su alto nivel y duración (6% anual promedio entre 1991 y 1998), ofrece escaso interés desde el punto de vista teórico.

 

En un país relativamente poco poblado como la Argentina, que posee una población esencialmente homogénea, y es altamente superavitário en materia alimentaria y energética, cuando goza de estabilidad monetaria, financiera y política, y hay una etapa de auge en la economía mundial, es previsible que el país crezca por encima del promedio internacional.

El problema de la Argentina no es así su crecimiento económico, sino su desequilibrio, y las crisis consiguientes, en el sistema político.

Por eso, lo decisivo es analizar, en términos teóricos e históricos, la extrema volatilidad de su ciclo económico, con  picos excepcionales y hundimientos profundos.

Hay una estrecha vinculación entre las crisis sucesivas del sistema político y la volatilidad del ciclo económico, que se manifiesta tanto en los momentos de auge, como en las etapas de recesión, hundimiento y colapso.

Vínculo entre crisis política y ciclo económico: 1974/2006

Como muestra la evolución del Producto Bruto Interno entre 1974 y 2006, frente a acontecimientos políticos de relieve en el sistema político institucional, el ciclo económico ve afectado su desempeño, tanto en los picos, como en los hundimientos más profundos.

A partir de 1974, el PBI en la Argentina experimentó una fuerte caída. La agudización del conflicto interno por la ofensiva de las organizaciones guerrilleras, la muerte del presidente Juan Domingo Perón (1º de julio del 74), y el crítico gobierno de su sucesora, Maria Estela Martínez de Perón, generaron una honda inestabilidad en el sistema político, con consecuencias inmediatas en el ciclo económico, que se refleja en un descenso, durante dos años consecutivos, de casi 1 % del PBI por año.

Los primeros años del régimen militar instaurado a partir del 24 de marzo de 1976 (“Proceso de Reorganización Nacional”) reflejan una rápida recuperación en el PBI. Se experimenta un crecimiento del 6% del PBI en 1977, pero ese ritmo de expansión se reduce a 3.2% en 1978. En 1979 se experimenta un fuerte impulso de crecimiento, con un auge del 7%. Pero los años sucesivos serán de declinación sistemática, producto del desgaste interno del régimen, de la finalización de la lucha contra las organizaciones guerrilleras, y el cambio de la Junta Militar.

Entre 1979 y 1982, el PBI disminuyó 6.3% y alcanzó el punto más bajo en cuatro años. En 1982, con la derrota en la Guerra de Malvinas (14 de junio), concluye el régimen militar en una situación de hundimiento económico.

La expectativa del recambio político tras el colapso del régimen militar y el inicio del sistema  democrático cierran 1983 con un crecimiento del 4.3%.

No obstante la recuperación de 1983, los años del gobierno de Raúl Alfonsín serán de un nítido descenso en el ciclo económico. El frágil sistema institucional y político torna difícil la articulación de mecanismos que pongan freno a la crisis económica.

La cuestión militar (tres insurrecciones: Semana Santa 1987, 18 de enero de 1988 y 1º de diciembre de 1988), la sindical y la reaparición del justicialismo tras su derrota en 1983, son  rasgos que marcan profundamente al gobierno de Alfonsín.

El año 1985 experimenta un fuerte descenso del PBI, que cae 5.2%, hasta alcanzar un nivel que sólo será recuperado recién en 1987. Ese año, el PBI alcanzó el pico del gobierno radical, para volver a caer en 1988 y desplomarse brutalmente en 1989, año en que estalla la hiperinflación.

La crisis hiperinflacionaria (Junio/Julio de 1989) se transforma en crisis de gobernabilidad, y obliga al presidente Alfonsín a entregar el gobierno seis meses antes del término de su mandato constitucional.

Su sucesor, el presidente Carlos Menem, se enfrenta con el colapso hiperinflacionario de 1989 y una caída del 7.1% del PBI, uno de los hundimientos más profundos del período analizado, y uno de los mayores de la historia argentina.

Los años sucesivos del gobierno de Menem serán de fuerte crecimiento, con la excepción de 1995 (“Efecto Tequila”). Desde 1990 hasta 1994, el PBI creció 35% en términos acumulados.

El PBI experimenta en 1995 una caída del 4.6% con respecto al año anterior, por efecto de la crisis desatada en México en diciembre de 1994 (“Tequila”).

Pero nuevamente, de 1996 a 1998, son tres los años de continuo crecimiento económico, que alcanzan su pico histórico en este último.

La crisis financiera internacional desatada en el Sudeste asiático en 1998, golpea a todos los países emergentes, entre ellos a la Argentina, cuyo producto cae 3.4% en 1999.

No obstante la recuperación de la economía mundial a partir de 1999, que crece 4% en el 2000, los dos años de gobierno del presidente Fernando de la Rúa serán de estancamiento y abrupto declive económico.

La inestabilidad y la crisis de gobernabilidad harán que el PBI caiga 5.2% en 2001, que culmina con el colapso financiero y el default.

En los primeros seis meses de 2002 la Argentina experimenta un colapso político, económico, monetario e institucional. Coincide una sucesión de cinco presidentes constitucionales  en dos semanas con una caída  de más del 10% del PBI.

A partir de mediados de 2002, con la presidencia de Eduardo Duhalde, la situación política tiende a estabilizarse, y comienza, arrastrada por ella, la recuperación económica.

En el proceso electoral de abril de 2003, se impone Kirchner. El PBI crece ese año 8.8%, y continúa creciendo con posterioridad: 9% en 2004, 9.2% en 2005 y 8.5% en 2006.

Situación económica argentina 2002 – 2007

La Argentina ha crecido en los últimos cinco años a una tasa anual promedio de 9%, lo que significa que el PBI ha aumentado más de un 50%, tras comenzar dicha recuperación a partir del segundo semestre de 2002.

También en esos años ha habido una mejora de los indicadores sociales. En el primer semestre de 2002, la tasa de desempleo alcanzaba el 21.5%, mientras que en noviembre de 2007 es 9.8 % (no contabilizando los planes “jefas y jefes de hogar”). Lo mismo sucede con el porcentaje de población por debajo de la línea de pobreza, que era 42.6% en mayo de 2002, y hoy es 27%, aproximadamente.

Esta recuperación, que coincide con la reconstrucción del poder político que realiza  Kirchner, parece comprobar el criterio establecido por la OCDE de que “cuando la Argentina goza de estabilidad monetaria, financiera y política, y hay una etapa de auge de la economía mundial, es previsible crezca por encima del promedio internacional.

En los últimos cinco años la economía mundial ha crecido a un promedio anual de 5%, lo que en términos históricos significa que es el período de crecimiento más prolongado y con tasas más altas de los últimos cuarenta años. En relación al ingreso real per cápita mundial, este periodo es el de mayor crecimiento desde la primera Revolución Industrial (1780-1840).

La recuperación de la solvencia fiscal, que esta íntimamente relacionado con los movimientos del crecimiento mundial, se debe, en el caso argentino, a los mejores términos de intercambio (relación entre precios relativos/exportaciones sobre el precio relativo/importaciones) de los últimos treinta años. Los commodities y las exportaciones agroalimentarias constituyen 66% de las exportaciones argentinas.

En definitiva, los términos de intercambio constituyen la mediación entre el crecimiento económico y el fortalecimiento del poder político cuya sustancia, a su vez, es la recuperación de la solvencia fiscal basada en el aumento de las retenciones a las exportaciones agroalimenticias.

¿Cómo reconstruyó Kirchner el poder político?

La reconstrucción del poder político que llevó a cabo Kirchner fue en términos hegemónicos y no institucionales. Su estrategia fundamental, de confrontación y polarización, logró, durante los primeros cuatro años, el respaldo de las clases medias de los grandes centros urbanos.

Este sector, que es la opinión pública, había tenido su mayor expresión política con el gobierno de la Alianza. El colapso de la UCR, y sus aliados (2001), tuvo como consecuencia en la clase media  el rechazo a la política como tal. Consignas como “¡que se vayan todos!”, ampliamente difundidas en ese momento, reflejaban el rechazo al sistema político en general.

En este marco, Néstor Kirchner, virtualmente desconocido por la opinión pública, desarrolló una estrategia de confrontación y de polarización con sucesivos adversarios, que eran para las clases medias de los grandes centros urbanos, la expresión de ese sistema político que rechazaban.

La recuperación de la solvencia fiscal, más el apoyo de la clases medias urbanas, le permitieron a  Kirchner el control total del sistema político e institucional. Este proceso de acumulación de poder encontró su primer límite significativo en las elecciones constituyentes de la provincia de Misiones en octubre del año pasado, y luego con los resultados electorales negativos en las elecciones de la ciudad de Buenos Aires, Rosario y Córdoba.

¿Nuevo gobierno o segundo mandato?

Esos resultados fueron el prólogo de lo que ocurrió en los comicios presidenciales del 28 de octubre. Cristina Fernández de Kirchner fue derrotada en las principales ciudades argentinas: Buenos Aires, Córdoba y Rosario. También perdió en las principales ciudades de la provincia de Buenos Aires: La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca, donde, sin embargo, se impuso holgadamente Daniel Scioli. Incluso en el conurbano bonaerense, donde obtuvo una amplia diferencia favorable, la candidata oficial perdió en los distritos de Vicente López y San Isidro, a pesar de haber contado con el respaldo de los respectivos intendentes, que fueron reelectos.

Estos datos son inequívocos: la gran mayoría de la clase media de los grandes centros urbanos de la Argentina votó en contra de la señora de Kirchner. La principal conclusión es que la mandataria electa asume el gobierno en una situación de virtual divorcio político con esa clase media que, en la Argentina, constituye el núcleo de la opinión pública. Se trata de un elemento extraordinariamente significativo, si se tiene en cuenta que, al revés de lo que suele subrayarse, las tendencias manifestadas por esas clases medias urbanas, que constituyen las principales consumidoras de bienes culturales, tienden a moldear la actitud política de los grandes diarios y, por su intermedio, de la gran mayoría de los medios de comunicación social.

Los presidentes electos cuentan, al principio, con  un amplio respaldo de la opinión pública, acompañamiento que suele deteriorarse con el tiempo. Así ocurrió en 1983 con Alfonsín, en 1989 con  Menem, en 1999 con De la Rúa y en el 2003 con Kirchner. En el caso de Cristina Kirchner, surge una excepción: un gobierno que asume frente a una opinión pública distante, e incluso hostil. Por ese motivo, la presidente electa ha pretendido mostrar una actitud contemporizadora, seguramente, para amortiguar el impacto negativo de esta situación desfavorable.

El inconveniente de este giro discursivo de Cristina Kirchner es que, en términos estrictamente políticos, su asunción a la presidencia es asimilada políticamente como una reelección. Es lógico que así sea: por su naturaleza, el poder político de tipo hegemónico, construido en estos años por Néstor Kirchner, presenta una dificultad estructural para ser trasmitido o cedido. En ese sentido, aunque por distintas razones, Kirchner se encuentra ante una dificultad similar a la que tuvo enfrentar Menem en su segunda presidencia. Para la opinión pública, no se trata de un nuevo gobierno, sino de un segundo mandato. No hay por eso “luna de miel”, la opinión pública tiende a radicalizar sus demandas; y es altamente probable que el aumento de la inflación se constituya en la señal dominante del ritmo del proceso político.

La clase media de las grandes ciudades, uno de los dos elementos centrales del poder político de la Argentina post-2001 está enfrentada con gobierno de Kirchner. El control de las movilizaciones callejeras, el otro requisito de la gobernabilidad en una Argentina carente de instituciones sólidas, puede estar en tela de juicio en cualquier momento.

Si en la política lo esencial es prever para adelantarse al curso de los acontecimientos, no es conveniente circunscribir el análisis de la evolución del proceso político argentino a las exigencias del calendario electoral.

 

 
Banner

Copyright © 2008 Visión desde el Sur. Todos los derechos reservados.
Se permite su reproducción citando la fuente y avisando de la misma a: vision@visiondesdeelsur.com.ar

 
Banner
Banner
Banner
Banner