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Fortalezas y debilidades del gobierno nacional Imprimir Correo electrónico
Viernes 27 de Noviembre de 2009 00:33

GalianaPor Mgr. Sergio Galiana

 

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner está llegando a la mitad de su mandato, de manera que resulta interesante intentar un balance que de cuenta de las fortalezas y debilidades de su gobierno.

Comenzando por su saldo positivo, el gobierno logró superar, al menos en forma aparente, los cimbronazos de la crisis mundial al mantener estabilizados los principales índices económicos vinculados a la vida cotidiana de la población (inflación, desocupación, valor del dólar).


Es verdad que parte de este clima de “ausencia de crisis” se sustenta en la manipulación de las estadísticas que elabora el INDEC, pero de todas maneras las cifras oficiales parecen reflejar ciertamente que, al igual que en gran parte de América Latina, los efectos de la crisis son menores que en los países centrales.


Paradójicamente, la crisis mundial mejoró la imagen del gobierno en materia de relaciones internacionales al participar de las discusiones sobre la reestructuración del sistema financiero internacional en el marco del G20. Más allá de que la membresía de Argentina al G20 se remonta a su constitución en 1999, la presidenta Cristina Fernández supo presentar su participación en las sucesivas Cumbres como una muestra de la inserción de la República Argentina en el selecto club de las naciones más poderosas del planeta.


Desde el punto de vista político, el oficialismo puede exhibir su principal fortaleza en el ejercicio del poder, lo que le permitió recuperar su cohesión interna y superar en forma sorprendentemente rápida su derrota en las elecciones parlamentarias celebradas en el mes de junio, que habían sido planteadas como una suerte de plebiscito sobre la gestión presidencial.


El elemento clave en esta recuperación fue la aprobación de la Ley de Medios en tiempo y forma previstos por las autoridades, pese a contar con el rechazo decidido de gran parte de la oposición (y especialmente de aquellos partidos que obtuvieron mayor cantidad de votos en los comicios) y de los principales multimedios, especialmente el Grupo Clarín.


Este triunfo le permitió al gobierno recuperar la iniciativa e instalar nuevos temas en la agenda política, lo que se expresó recientemente con el lanzamiento del proyecto de Ley de Reforma Política y la extensión de los llamados superpoderes hasta diciembre de 2011.


En forma paralela la coyuntura creada al calor de la aprobación de la Ley de Medios muestra también la extrema debilidad de la oposición, que no logró capitalizar la derrota del kirchnerismo en los principales distritos del país, especialmente en la provincia de Buenos Aires.


Esta fortaleza está basada en la debilidad de la oposición, cuyos principales referentes (De Narváez, Reutemann, Macri y Cobos, todos triunfadores en las jornadas de junio) fueron incapaces de fijar una agenda conjunta postelectoral o de coordinar acciones que vayan más allá de su rechazo a iniciativas del oficialismo.


En este sentido la candidatura presidencial de Néstor Kirchner para octubre de 2011 aparece como un escenario no descabellado impensado hace sólo cuatro meses.

 

La actual gestión presenta asimismo numerosas flaquezas que explican en parte el flojo desempeño electoral del oficialismo en junio de ese año.
En materia económica, más allá de la mencionada manipulación de las estadísticas nacionales, un síntoma de la debilidad de nuestro país es la enorme dificultad para conseguir el financiamiento necesario para la realización de obras de infraestructura. En la actualidad esto se resuelve con el aporte de fondos de la ANSES, lo que no tiene sustentabilidad en el tiempo, más allá de expresar la falta de confianza en el mercado argentino por parte del capital extranjero y nacional privado. En este sentido, el acercamiento con el FMI y los hold out debe leerse entre otras cosas como un intento por retornar al mercado internacional de capitales.


En el plano de las relaciones internacionales, el gobierno sigue sin poder resolver un conflicto heredado de la gestión anterior: la normalización de las relaciones con el Uruguay y el levantamiento del corte sobre el puente internacional que une las ciudades de Gualeguaychú y Fray Bentos.


Si bien este tema parece haber quedado fuera de la agenda, en los últimos tiempos se actualizó a causa de la negativa de los asambleístas de la ciudad entrerriana de dejar pasar a los ciudadanos uruguayos que querían ir a su país para votar en los comicios del 25 de octubre (pese a que diez días antes los mismos asambleístas dejaron pasar a los argentinos que fueron a ver el partido por las eliminatorias de fútbol en el Estadio Centenario de Montevideo).


En el terreno político la principal dificultad está por verse, y es el cambio de correlación de fuerzas en el Congreso Nacional a partir del 10 de diciembre.
Tras el traspié electoral de junio, el oficialismo perdió la mayoría absoluta en la Cámara Baja pero se mantiene como primera minoría al igual que en el Senado. Esta pérdida de legisladores va a afectar seriamente la capacidad del oficialismo para lograr quórum, lo que implicaría no sólo tejer alianzas para aprobar sus proyectos de ley sino negociar incluso los temas a discutir por el Parlamento.


De todas maneras, en estos meses de transición quedó claro que la oposición no logró elaborar una agenda común y que el gobierno logró la aprobación de tres leyes claves (la Ley de Medios, de Presupuesto y de Emergencia Económica) con aliados que podrían prefigurar un nuevo mapa de alianzas para el 2010.


Otro elemento que puede percibirse como una debilidad de las autoridades es la incapacidad para resolver la ola de conflictividad social que en los últimos meses se instaló, al menos, en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Ejemplos de esto son los conflictos en el subte, en Kraft y el que afectó la distribución de diarios el pasado 7 de noviembre. Si bien se trata de episodios que responden a causas muy distintas, hay un elemento que los une y que dificulta su resolución: la posición del gobierno nacional en defensa de los intereses de la conducción de la CGT liderada por Hugo Moyano.


Asimismo, entre las dificultades que enfrenta este gobierno promediando su mandato cabe mencionar una que es de larga data pero que parece haber recrudecido en los últimos tiempos y es la inseguridad. Si bien nuestro país (y en especial Buenos Aires) posee un índice delictivo relativamente bajo en relación al contexto latinoamericano, la difusión cotidiana de noticias vinculadas a homicidios y otros delitos violentos pone a la seguridad en el centro de la discusión pública y el gobierno no termina de elaborar un discurso que satisfaga a la mayoría de la población.


Por último, la principal debilidad de la gestión es el elevado índice de rechazo hacia su imagen que hasta ahora tiene entre la ciudadanía. Es difícil precisar las causas de esto, pero entre otras se podrían mencionar el desgaste propio de seis años de gestión, las causas por corrupción que comienzan a hacerse públicas, el estilo confrontativo del discurso oficial y la sobreexposición mediática de la presidenta (expresado entre otras cosas en el repetido uso de la cadena nacional).

 

Teniendo en cuenta este breve balance, podríamos afirmar que el gobierno logró superar exitosamente las amenazas a la gobernabilidad que ocasionó la derrota del oficialismo en las elecciones parlamentarias de junio y que los principales desafíos provendrán de la incierta situación económica y de la creciente conflictividad social.

 

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